La campana sonó, aguda y ensordecedora. Unas horas después del desayuno. Y ahora, me encontraba en la larga y gris fila que conducía a las duchas. Mi cuerpo todavía palpitaba por lo ocurrido hacía horas, un recordatorio constante del precio que había pagado por un trozo de pan.
Una chica se puso detrás de mí, su presencia se sentía pesada. Parecía una de esas "studs" que se esfuerzan demasiado por parecer rudas. Se inclinó cerca, con un aliento que apestaba a alcohol. —Eres nueva —susurró. Su