El baño estaba frío y resplandeciente, inundado por el sonido del agua de la ducha golpeando el suelo. Valentina no dijo ni una palabra. Me cargó como si fuera un trofeo, con sus músculos tensos y duros contra mi piel. Caminó hacia el largo lavabo de mármol y me sentó en el borde; el contacto con la piedra helada en mi culo desnudo me hizo dar un salto.
—Quédate quieta —gruñó. Su voz sonaba más profunda que nunca, retumbando en las paredes de azulejo.
Se colocó entre mis piernas. Joder, ya me d