Dax sonrió, una sonrisa lenta y pícara que demostraba que sabía exactamente lo que ella quería. La tomó de la muñeca y la guió escaleras arriba hacia el baño principal. Las piernas de Flora se sentían pesadas, como gelatina, pero el calor entre sus muslos seguía ardiendo.
Entraron al baño. La habitación estaba a oscuras, iluminada solo por la pálida luz de la luna que entraba por la pequeña ventana. Dax no dijo una palabra. Estiró la mano y giró la llave de la ducha por completo hacia la de