## 2
Llevaba horas con el estómago rugiéndome.
No había comido bien desde que salí de la ciudad; solo pan seco y agua por el camino. En cuanto entré en la concurrida plaza del mercado, el olor a carne a la brasa, hierbas frescas y pan caliente me golpeó como una ola. Seguí el aroma hasta encontrar un pequeño puesto de comida metido entre dos casetas de madera.
La mujer que lo llevaba era deslumbrante.
Estaba detrás de la parrilla completamente desnuda, salvo por un fino delantal de cuero atado