Estaba de pie en el marco de la puerta, con los brazos cruzados bajo los pechos, observando cómo el carpintero se arrodillaba junto a mi cama antigua.
Se llamaba Lucas… un hombre alto, de espaldas anchas, de unos treinta y pocos años, con manos fuertes y callosas, una camiseta gris ajustada que se estiraba sobre su espalda musculosa y unos vaqueros desgastados que le abrazaban sus potentes muslos. Su pelo oscuro estaba un poco despeinado por el trabajo, y el sudor le brillaba en los brazos bron