No podía dejar de pensar en el sueño. Incluso después de que Alex se fue, ese dolor profundo y pesado entre mis piernas se negaba a desaparecer. Era como un latido constante, un recordatorio de cómo Marcus se había sentido en mi mente. Traté de ignorarlo, pero cada vez que cambiaba de peso, sentía la humedad. Mis bragas eran una causa perdida: empapadas y pegadas a mí como una segunda piel.
Necesitaba una ducha. Necesitaba lavar el sueño de mi piel y el calor de mi sangre. Pero mi baño tenía