Al día siguiente, me deslicé en el salón de clases del profesor Rynne con los muslos aún doloridos por la dura follada de ayer en su oficina. Cada paso me recordaba cómo me había estirado el coño, cómo su semen había estado goteando de mí durante horas después. Intenté concentrarme mientras él caminaba por el frente, su voz hablando monótonamente sobre alguna teoría histórica, pero mi mente no dejaba de reproducir la forma en que me había reclamado. El calor se acumulaba entre mis piernas, mis