Había quedado con Armando, pero no tenía ganas de verle, sabía que, si lo hacía, pagaría con él todo su mal humor y eso no era justo. Armando era un buen hombre y siempre estaba a su lado, pasara lo que pasara, incluso cuando se comportaba como un capullo.
Tampoco quería irse al hostal, pese a que era noche cerrada, no deseaba encerrarse en un cuarto claustrofóbico donde las ideas golpeaban sin cesar. No, ahora necesitaba respirar.
Dejó el coche a un lado de la carretera, desde allí vio un peque