―Bien.
Me mira como si esperara algo más, pero la verdad no tengo más que decir.
―No te pongas en esa actitud.
―De acuerdo, Sebastián, te perdono ―suspiro irritada―. Agradezco profundamente tus disculpas.
―Vale, entonces ven con nosotros ―echa un vistazo hacia atrás―. Te ahorro el tener que convivir con la niña obsesiva.
―Es mi compañera de habitación ―replico, ofendida―. Y me cae bien, es mi amiga.
Me mira como si estuviera bromeando. Genial, acaba de pedir disculpas y la acaba de cagar otra v