Cuarenta y siete.3

Su tristeza y desesperación es contagiosa y de pronto me entran unas ganas terribles de alejarme lo más posible para hundiré en un mar de nada y poder relajarme. Aún así, resisto porque eso hacen las amigas y Giuli se ha convertido en una. Era amiga de Joan, el asesino. Era y bien pudo no saber que lo era.

Más tarde se queda dormida, tanto llorar la cansó. Le quito los zapatos y la cubro con las mantas, su rostro está enrojecido por las lágrimas. Quisiera quitarle tanta tristeza, tanto dolor, t
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