—Valentino va a escucharme — pensó preocupada, como era posible que descuidara tanto a las niñas y lo peor era que las dejara en manos de esa psicópata. Estaba sumamente decepcionada de Valentino, ¿por qué tenía que estar fuera de casa sin preocuparse por sus hijas?
Las miro y sintió que su corazón se encogía de solo pensar en todo lo que habían pasado esas niñas con la loca de su madre. Pero al fin y al cabo esa loca seguía siendo su madre.
—Peques, no me han dicho sus nombres.
—Yo soy Georgia