—Buenos días, Avalos —respondió Valentino conteniendo la frustración.
—Doctor, doctor Diego Avalos —respondió este —Sígame por aquí, señor Ordóñez —indicando con su mano hacia la puerta de la cual había salido minutos antes.
Valentino, lo siguió en silencio, pero desde ya, estaba pensando en buscar otro psiquiatra para que viera a Luana.
—Toma asiento aquí —le indico mostrando un sillón de un cuerpo separado de otro por una pequeña mesita de café, encima de la mesa se encontraba un file, con el