—Suegro, suegra —Hablo Valentino mientras se llevaba una taza con café a los labios. —¿Vinieron a visitar a alguien?
—Valentino, hace mucho tiempo que no tenía el gusto de verte — Hablo la delgada mujer mientras lo miraba absorta, su presencia la intimidaba y a la vez la excitaba, se relamió los labios con gusto sin importarle que su marido estuviera a su costado. Jalo una silla y se sentó frente a él, al hacerlo su abrigo se abrió y dejo a la vista unas piernas largas, blancas y bien esculpida