—Espero que no te ofendas, solo estoy tratando de protegerme, por si hace falta—menciono y entonces comprendí a lo que se estaba refiriendo. Al igual que yo aún desconfiaba de él, Edmond Leblanc tampoco confiaba plenamente en mí, así que solo estaba asegurándose de que después de nuestro supuesto matrimonio no fuese a aprovecharme de la situación y quizás exigirle una buena pensión monetaria.
—En lo absoluto—me animé a decir para hacerle saber que bien podía hacerme una entrevista como si este