El mejor amigo de mi padrastro 2.
Deslicé mis manos hacia la nuca de él, enredándolas en su cabello, con los dedos rozando su cuero cabelludo, abrumada por el éxtasis y por el calor que emanaba de él. Mientras usaba mi otra mano para sostenerme. No sabía cuánto más podría aguantar, solo quería que me follara hasta dejarme sin sentido o al menos que me tocara.
Mi falda ya estaba subida hasta la cintura, las bragas rojas de encaje que llevaba puestas estaban empapadas por lo mucho que lo necesitaba. Ni siquiera me di cuenta cuand