La boca del lobo

A la mañana siguiente estoy molida. El brazo me duele horrores y tengo náuseas. Refunfuñando me levanto y me ducho. Tengo compromisos que no puedo posponer. En una mochila empaco un par de prendas. Me visto con algo que tape mi inflamado brazo.

Al entrar a la cocina veo a Alec apoyado en la encimera doblado de dolor, se presiona la herida. Rápidamente dejo la mochila en el suelo y voy a ayudarle.

—¿Qué haces? —preguntó angustiada.

—Tenía sed

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