Finalmente encontraron un pequeño bar no muy lejos del teatro. Tomaron una mesa un poco alejada de la multitud y se sentaron a charlar. Kathryn se sentía de nuevo de 16 años y Robert estaba muy contento. Por un momento se olvidó de quien era en realidad; hacía mucho tiempo que no podía disfrutar de una charla con una amiga, él no tenía amigos. Los únicos que lo rodeaban a diario eran sus matones, lo único que veía a diario era la violencia que se originaba de sus actividades; ni siquiera podía