Kathryn salió todavía algo aturdida del cuarto de limpieza. Miró por el pasillo, pero no vio a nadie así que comenzó a caminar hasta los baños del lobby.
Al verse en el espejo no se reconoció por unos segundos, pero cuando pudo salir de su estupor y se observó con más detalle notó unas marcas algo rosas en su piel. “Las marcas de William”, pensó y levemente las acarició con los dedos. Si esa mujer no hubiese llegado a interrumpirlos hubiera sucedido lo inevitable. No recordaba ningún momento en