No pasó demasiado tiempo hasta que Peter volvió a dar señales de vida, se le estaba agotando el dinero. Las cuentas offshore que tenía en el extranjero estaban intervenidas y vigiladas por lo que no podía disponer de ellas. Todos sus movimientos financieros estaban bajo la lupa, en cuanto diera un paso saltarían todas las alarmas y podrían rastrearlo. La única persona que podía y quería ayudarlo era su madre, pero a Rebecca también la monitoreaban; estaba en un callejón sin salida. Pero lo que