La habitación VIP, que hasta hacía unos instantes había estado sumida en una tensión insoportable, se convirtió de repente en un escenario de una farsa que asestó un golpe devastador a la moral de sus espectadoras. Frente a la señora Moreno y Calysta Reed, quienes permanecían paralizadas junto a la puerta, Dave ya no prestaba atención a la mirada furiosa de su madre ni a la expresión cargada de odio de la mujer que la acompañaba.
El hombre de mediana edad volvió a posar lentamente los labios so