El viento nocturno que soplaba por los jardines exteriores del hotel se sentía gélido sobre la piel, pero el ardor en el pecho de Berlyn era mucho más intenso. La mujer de figura voluptuosa estaba sentada sola en uno de los bancos de madera situados en un rincón apartado del corredor, lejos del bullicio y de la música del banquete.
Tenía ambas manos cruzadas sobre el regazo y apretaba la tela de su vestido blanco hasta arrugarla. Un sollozo suave escapó de sus labios carnosos, seguido por las l