El rugido del motor de la lujosa limusina finalmente se apagó cuando sus ruedas se detuvieron a la perfección en el amplio patio frente a la *mansion* principal. La tensión íntima que había ardido dentro de la cabina del coche durante todo el viaje dejó un rastro de calidez que aún se sentía en la superficie de la piel. Dave Moreno bajó primero; su postura erguida y autoritaria capturó de inmediato la atención de todos los guardias, quienes se inclinaron con respeto. Sin dudar ni un segundo, su