CAPÍTULO 48.
Salvatore Rizzo se recostó en su silla con una sonrisa cínica, su mirada fija en Sebastián, quien estaba de pie frente a él. La conversación fluía de forma fría, calculada, pero Salvatore no podía ocultar la satisfacción que sentía al ver cómo todo había salido según lo planeado.
—Has hecho un buen trabajo, Sebastián —dijo Salvatore, su voz grave resonaba en la estancia silenciosa. Estaba más que complacido con el resultado. Había logrado lo que quería: El secuestro había sido un éxito rotundo.