CAPÍTULO 45.

La noche era espesa como si el cielo hubiese decidido ocultar cada estrella. Mauricio ajustó la capucha de su abrigo mientras miraba a los hombres que lo acompañaban. No eran más que cinco, pero en sus rostros se veía la determinación de quien sabe que no tiene margen para fallar.

El lugar convenido estaba a varios kilómetros lejos de la población. Una fábrica abandonada que hacía años había sido devorada por la maleza y el olvido. Las paredes de ladrillo desgastado se alzaban como gigantes mur
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