CAPÍTULO 44.
Lupita estaba sentada en la sala, las manos apretadas sobre sus rodillas, con la mandíbula tensa. Cuando Mauricio entró, la vio, y el ambiente se volvió inmediatamente pesado. No podía soportar que él estuviera totalmente inmerso en salvar a Marina que no percibía más nada a su alrededor. Se moría de los celos.
—No entiendo por qué sigues tan pendiente de Marina, Mauricio. ¿No te das cuenta de lo que está pasando? Deberías estar aquí, con nosotros, con tu hijo. Tú y yo tenemos una vida por dela