32. ES IMPOSIBLE

Lucero

No hubo palabras durante o después del encuentro en la suite, tan solo terminamos, recuperamos el aliento y nos duchamos juntos como si nada hubiera pasado, aunque bien podía sentir sus ojos repasarme de pies a cabeza. En el trayecto hasta Barcelona fue igual, Ramiro solo se dedicó a ver por la ventana hasta que tomamos el auto dirigiéndonos ahora al hospital.

—No lo hice —tres palabras que me dejaron sumamente confundida, pero él en vez de darme la cara veía mi reflejo por la ventana.
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