30. CAMBIO DE PLANES
Lucero
La celebración con los invitados me hacía sentir como si estuviera en una feria y yo fuese el mono al que lanzaban toda clase de basura, las voces eran estruendosas, el primer baile fue casi en automático, mi sonrisa parecía estar sostenida por litros de bótox y mis piernas temblaban solo de pensar en lo ocurrido hasta ahora.
—Lucecilla, ya es hora de cambiarte.
—¿Tan rápido? —pregunté a Paz con tristeza, a lo que ella asintió de la misma forma. —¿Podrías acompañarme?
—Claro.
Nos dirigim