—¿Yolanda? —pregunta sorprendida al ver a la mujer a quien años atrás le ocultó la verdad.
—Creo que está confundida —responde nerviosa sintiéndose descubierta.
—¿Madrina llegó, Rebecca?
La pequeña de cabello dorado y rostro inocente, se asoma en la puerta.
—Ve a la sala, Sofía.
La niña se encoge de hombros y se retira obedeciendo a su madrina.
—¿Es ella, verdad?
—Doctora, por favor, váyase antes de que Rebecca regrese.
—Tenemos que hablar, Yolanda. Tiene que decirme la verdad de l