Ada, visiblemente nerviosa, intentó explicarle:
—Dylan, tú me conoces mejor que nadie, ¿cómo podría hacerme daño a mí misma para perjudicar a Olaya? Además, fue Ada quien me invitó a salir, ¡el secuestro fue culpa de ella!
Antes de que Ada pudiera terminar sus sutiles palabras, Dylan la interrumpió con voz firme, llena de desprecio:
—Nunca te he gustado, ¿verdad? Solo me has mantenido en suspenso para alimentar de esa manera tu vanidad al ser cortejada por otros, ¿no es así?
Ada se tensó un poco