Mundo ficciónIniciar sesiónLiam lee de nuevo la nota y sus ojos van a la pequeña criatura que sigue chillando frente a él. Se queda tieso como la estatua de mármol que tiene en su oficina y al fin logra murmurar.
—¿Mía? —repite su nombre, mirando a la criatura que ahora ha dejado de llorar y lo observa con una curiosidad inocente, ajena al caos que acaba de desatar.
La bebé emite un balbuceo y se lleva un puño a la boca, succionándolo con fuerza.
—¡No, no, no! Esto es un error. Un montaje —dice Liam para sí mismo, su voz subiendo de tono—. ¡Es una e****a! Capri... ¡¿Quién carajos estaba conmigo en Capri?!
Empieza a hacer memoria a toda velocidad. Hubo una rubia, una morena, y aquella chica de la recepción..., ¿o tal vez la fotógrafa? Había demasiadas mujeres con las que pasó la noche, ¡y no tiene idea con cuántas de ellas se despertó al día siguiente!
La bebé empieza a llorar de nuevo, esta vez con más fuerza, un sonido que taladra sus oídos y que parece rebotar en las paredes de su casa perfecta. Liam se lleva las manos a la cabeza, olvidando por un segundo que solo lleva una toalla.
—¡Cállate! ¡Por favor, cállate! —suplica, sintiendo el pánico real por primera vez en su vida adulta—. Yo no sé qué hacer contigo. ¡Yo no tengo hijos! Los hijos son para la gente que... ¡Que tiene sentimientos y tiempo! ¡Y yo no tengo ninguno de esos dos! ¡Yo tengo una reunión al mediodía!
Se queda allí parado, en medio de su entrada de lujo, el hombre que puede comprar empresas enteras, pero que no sabe cómo reaccionar ante seis kilos de humanidad en una cesta de mimbre.
Mía, como dice la nota, aumenta el volumen de sus pulmones. Es un grito de guerra, una demanda de atención que Liam Cavalli no está preparado para dar.
—¡Dante! —grita Liam, buscando su teléfono como si fuera un arma—. ¡Dante, llama a la policía! ¡Me han dejado un paquete... un paquete que llora en la puerta!
La orden sale como si el pobre Dante fuera telépata, mostrando su más absoluta desesperación.
Pero mientras busca el teléfono, su mirada se cruza de nuevo con la de la pequeña. Por un instante, el llanto cesa y ella estornuda, un sonido pequeño y húmedo. Liam se queda petrificado.
—Esto no puede estar pasando —susurra, apoyando la espalda contra la pared y deslizándose hasta quedar sentado en el suelo, frente a la cesta—. No hoy. No a mí. ¿A quién le he hecho tanto daño, Diosito, para que me pase esto a mí?
El dolor de la resaca ha vuelto con una fuerza renovada, y Liam sabe que ni todo el whisky del mundo podrá hacerlo olvidar la imagen de ese sobre y de esos ojos que, para su horror, tienen un brillo que le resulta terriblemente familiar.
Hasta que decide que, de momento, es suficiente miedo.
No se puede quedar paralizado, mirando a la bebé sin saber qué más hacer. Toma la cesta con cuidado. Una mujer podría decir que es el hombre más tierno, que parece no querer que le pase nada a su hija, pero la verdad es otra.
La lleva como si la cesta tuviera una bomba de tiempo. Le deja con mucho cuidado sobre la mesa de centro y corre a su cuarto a ponerse una playera, un pantalón y toma su teléfono.
Con dedos temblorosos le marca a Dante y este responde, como siempre, en el primer tono.
“Señor Cavalli, ¿alguna orden que haya olvidado?”
—¡Busca a la madre de mi hija! —del otro lado, su asistente mira el teléfono como si fuera a salir su jefe y le pregunta.
“Señor, ¿está borracho de nuevo? Le recuerdo que son las diez de la mañana, es temprano y…”
—¡Escúchame! Tienes que venir a mi departamento, ¡ahora! Dejaron una niña, supuestamente es mi hija, ¡pero yo no tengo hijos!
“¡Demonios! Sí, señor. Voy enseguida.”
Liam lanza el teléfono en el sofá y siente que en cualquier momento llamarán a la puerta, una cámara lo apuntará y Jimmy Fallon le dirá que es una broma de su madre.
—Ni siquiera sé si Jimmy se dedica a hacer bromas de este tipo —susurra.
Se acerca lentamente hacia la cesta, como si la pequeña Mía fuese a lastimarlo. En cuanto la pequeña lo ve, vuelve a soltar un grito. Liam da un salto por el susto y se ordena a sí mismo que debe alzarla, pero no tiene idea de cómo hacerlo.
—¡No debí saltarme las clases de paternidad responsable en la secundaria! —grita al cielo.
Pero, contra todo su rechazo a los niños, se acerca a la cesta, toma a la pequeña Mía con mucho cuidado y niega con vehemencia.
—No es mi hija. No puede ser, yo… soy muy precavido y…
No dice nada más. Solo se queda dando vueltas con ella por el lugar, pensando en que debe encontrar a la responsable. Mía se duerme, él la deja en la cesta nuevamente y el timbre suena. Corre para no despertar a la pequeña, al abrir ve a Dante y tira de él.
El pobre mira a la mesa de centro y se ríe al mismo tiempo que frunce el ceño.
—Pensé que era una broma —Liam lo toma por las solapas del traje y le dice.
—Tienes que buscar a la madre de esa niña, porque no es mía.
—Sí, claro…
—¡Escúchame! No es mi hija, es una mala broma de alguien que quiere sacarme del camino. Así que, primero, vas a pedir las grabaciones de este edificio para ver quién dejó a esa bebé aquí. Luego, me darás una lista de todas las mujeres que estuvieron conmigo en Capri.
—Cámaras, lista de mujeres, lo tengo.
—Y lo más importante —dice mirando a la niña y soltando a su asistente, para acercarse a ella—. Pide una cita para una prueba de ADN lo antes posible. Quiero mostrarle a esa mujer que yo no soy padre, porque no puedo. No quiero y me niego a ser padre.
Dante asiente, mira a la bebé dos segundos y sale rápidamente a cumplir con las órdenes de su jefe.
Liam se sienta en el sofá, sabe que no tiene nada más que hacer por el momento, sin tener idea de lo que en realidad le espera.
El timbre vuelve a sonar y se apresura a abrir, para no despertar a Mía. Y justo frente a él queda nada más ni nada menos la mujer que suele olvidar que es su novia.
Yelena entra como siempre, con las caderas exageradas y los pasos firmes. Pero antes de darle un beso de saludo a su novio, Mía vuelve a despertar y ella se espanta. Liam intenta detenerla, pero ella toma la nota arrugada y sus ojos están a punto de salir de sus cuencas.
Abre la boca, mira a Liam y le grita furiosa.
—¡¿Qué significa esto, Liam Cavalli?!







