Treinta

Fermina pretendía responder, pero Ignacio se puso en frente de ella.

—Vete, por favor, no veo lo necesario de tus prejuicios, Fermina.

—Hipocresía, no lo ves ahora, pero antes de ellas, pensabas igual Ignacio.

—Ven, amor, creo que fue mala idea venir.

—Mi hija no va a ningún lado, y tú Fermina, me tienes cabreado con tu actitud, caray mujer, no actúes como una adolescente inmadura, no te molesta su vestuario, es más que eso, y deberías de darte cuenta de que incluso a sus 23 años es mucho más m
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