41. La primera y última vez
— Gracias por tan buen servicio, agradezco que Gabriel ya ni siquiera las use o creo que ahora mismo me estaría muriendo de la vergüenza – pudo decirle finalmente a Emma y ambos se rieron a pesar de la situación.
Steve agarró un pañuelo de papel de la cajita sobre la mesita y la ayudó a limpiarse.
— Solo limpiemos un poco, porque puedo asegurarte que de eso va a salir mucho más – Steve la besó en el cuello y decidió, que también su boca quería saborear a Emma entre las piernas, pero ella tenía