—Cuando de niño, te despiertas de una pesadilla, sólo para darte cuenta de que la pesadilla era mejor que la realidad, las cosas que se mueven y murmuran en los rincones oscuros ya no parecen tan importantes.— Edmond se apoyó en la barandilla de la pasarela, y sus ojos no mostraron emoción alguna mientras miraban hacia el agua oscura.
—Suena aterrador, Edmond,— dijo Belinda en voz baja, reafirmando que le había oído.
—No tienes ni idea,— indicó. —Preferiría un bosque oscuro y lleno de aullidos