Belinda miró hacia Edmond por el rabillo del ojo; su mirada estaba perdida hacía el frente y su postura revelaba su malestar. El la camiseta de manga larga de deporte que llevaba se ajustaba a su torso, y cuando su pecho se elevó, Belinda anticipó que iba a hablar, pero solo suspiró y no ofreció nada más.
—Oh esto es ridículo,— dijo finalmente Belinda, terminando el silencio.
—¿El qué?— pregunto él, mirándola, con una ceja elevada mientras preguntaba.
—Esto,— Belinda hizo un gesto entre ellos.