—¡Es mío! ¡Lo necesito!— chilló.
—No lo necesitas.—
—¡Si que lo necesito! Tengo que llevárselo a Santa para que sepa qué vestido conseguirle a la Abuela—.
—Anthony…— Edmond suspiró. Iba a ser la tercera vez en una semana que tendría que recordarle a Anthony que su abuela estaba en el cielo con su madre. Y, francamente, estaba cansado de ver morir la luz de los ojos de su hijo cada vez que lo recordaba. Esta mañana, Edmond simplemente no era capaz. —Ve a buscar tu mochila. Vas a llegar tarde al