Aurore disfrutaba de la vista que tenía, estaba con el pecho y los codos apoyados en la barda de madera que rodeaba el área de juegos infantiles (como esas que rodean en los ranchos a los caballos) mientras sostenía en sus manos una bolsa de Nueces de la India y veía a los niños jugar. Después de tanto ajetreo amaba esos minutos que tenía a solas y en los que podía perderse intentado ver el viento.
Alexis y Benjamín se habían ofrecido no, más bien empeñado en cuidar a Ezra, la rubia alegando qu