El mensaje llegó a las seis de la mañana, cuando la luz del amanecer apenas comenzaba a filtrarse a través de las ventanas del penthouse de Nick, tiñendo todo con ese tono grisáceo que hacía que la ciudad pareciera estar suspendida entre el sueño y la vigilia. El teléfono de Mateo vibró contra la mesita de noche en la habitación de huéspedes que había ocupado durante las últimas semanas, y el sonido fue suficiente para despertarlo instantáneamente, con su corazón ya acelerado antes de que sus o