La voz de Claudia, la otra enfermera, resonó en todo el pasillo desde sus espaldas. Teresa tuvo la delicadeza de girar junto con la silla de rueda para que Verónica también pudiera verla. Sus manos estaban temblando como un papel, quería mantenerse inmune, pero, después de todo lo que Verónica ha averiguado en tan pocos minutos, tiene los nervios a flor de piel y, el hecho de que Claudia no le inspire mucha confianza, no le ayuda para nada.
—No sé si te has dado cuenta, pero he preguntado que a