Quien a hierro mata...
Los ojos de Cristina comenzaron a perderse, tenía la mirada perdida, estaba muriendo. Como por arte de magia, Alejo dejó de enfocarse en su rabia y pensó por unos pocos segundos. No podía darse el lujo de acabar con Cristina, al menos, no todavía, era la única que podía decirle lo que estaba sucediendo y los planes que se estaban tejiendo en su contra. Primero tenía que sacarle la información y luego ya vería cómo matarla. De inmediato, disminuyó la presión que estaba ejerciendo sobre su piel,