Alejo no podía estar más feliz del cambio repentino que había tenido Elena, finalmente estaba volviendo a ser la chica que el conocía, coqueta, pícara y siempre dispuesta a tener sexo con él. Le maravillaba que, después de tantos días, había decidido ir a buscarlo ella misma, desde que tuvo al bebé, había sido él quien siempre la debía mandar a buscar, ella nunca había ido a verlo por su propia decisión, no se sorprendió mucho de este cambio en su momento, ya en varias ocasiones había escuchado