Adam me llevó en vilo hacia su oficina, el calor era insoportable, en mi crecía el deseo por su cercanía, lo tomé de la chaqueta. Estaba ya desesperándome, rasqué en el fondo de mi por tener una pizca de razón, pero estaba perdiendo la batalla.
No me di cuenta si la secretaría de Adam estaba en su sitio, solo cuando la puerta de su oficina se cerró y me depositó en el sofá, estaba dispuesta a suplicar para que se detuviera, pero él lo hizo antes.
Fue reduciendo la frecuencia poco a poco.
Di boc