C88. El sabor de la tregua.
Giovanni Ferrari
El gran comedor de la villa se sentía inmenso, casi hostil, con solo dos cubiertos dispuestos en la interminable mesa de caoba. El tintineo de los cubiertos de plata contra la porcelana era el único sonido que competía con el zumbido del gran reloj de pared. Sebastián estaba sentado frente a mí.
Mantenía la espalda recta, los hombros un poco más relajados que de costumbre, pero sus ojos oscuros seguían fijos en su plato de pasta, como si buscara respuestas en el fondo de la sa