Capítulo 39. El quiebre absoluto.
El ego del líder de la mafia rusa explotó. La acusación fue un disparo directo a su orgullo inquebrantable. El miedo a perder el control frente a sus hombres lo cegó por completo. Para demostrar que no sentía nada, que seguía siendo el monstruo de hielo, tomó la peor decisión.
Víctor soltó el cuello de Sergei de golpe. Lo empujó hacia la entrada de madera podrida.
—¿Crees que me importa esa mujer? —rugió Víctor. Sus ojos eran pura oscuridad—. ¡Haz lo que te dé la maldita gana, Sergei! ¡Métele u