Marie Moreau
—Mi querido, don Joseph, que guste verte por fin; tenía semanas detrás de tu secretaria para que me consiguiera una cita contigo. —En cuanto se puso cómoda en el sillón frente al escritorio, la impecable Sofia declaró con una falsa sonrisa, cruzando sus kilométricas piernas
—Lo sé, de hecho, yo también necesitaba hablar contigo, pero hasta ahora fue posible —Aclaró sin inmutarse por el verdadero asunto que lo molestaba.
—. Quiero mostrarte estos documentos; son el resultado de una