Quedé paralizada, el sonido de sus gritos resonando en mi mente. La sala de esterilización, antes un santuario de concentración, ahora parecía un campo de batalla. Me giré lentamente, enfrentándome a Diana.
"¿Qué?" Mi voz salió baja, casi un susurro.
"Don Salvatore mató a tu padre," repitió Diana, su voz firme y sin vacilación.
Mi corazón latía acelerado, una mezcla de incredulidad y dolor atravesando mi pecho.
"Estás mintiendo."
"¿Por qué mentiría sobre esto ahora, Catarina? Estoy tratando de