Sentada en la recepción del consultorio del Dr. Tommaso Esposito, esperaba la llegada de Michele Nicaso, mi corazón cargado con el peso de las revelaciones de la consulta. Cuando finalmente apareció Michele, sus ojos encontraron los míos, y lo miré seriamente, preparada para enfrentarlo.
"¿Conseguiste lo que querías?" pregunté, mi voz cargada de tensión.
Michele me miró, su expresión compungida, y respondió en un tono suave.
"Lo siento, Catarina. No era mi intención ofenderte."
Mi irritación se