—Espejito, espejito no te partas, por favor te lo pido.
Abrí mis ojos con cuidado y solté un pequeño gritito. ¡Es horrible!
Vuelvo a cerrar los ojos y suelto otro gritó de frustración. Por una vez en mi vida, quiero ser una adolescente normal.
Y con normal me refiero a esas que parecen modelos de revistas.
Toco el enorme grano de la frente.
Debo parecer un unicornio.
Vuelvo a abrir los ojos y me doy por vencida. Ya tengo diecisiete, se supone que ahora todo tiene que ser diferente. Ese año, mis