—¿Una ladrona? —repite la Patriarca como si estuviera confundida, y luego, al cabo de un momento, se da cuenta—. Ah, sí, tú también eres una ladrona.
—Sí —admite un poco avergonzada por su condición—. La gente me considera un tabú y mi manada anterior básicamente me repudio.
—Lamento mucho oír eso, Soraya. Ninguna criatura, cualquiera que sea su circunstancia, no merece ser tratada como tal. —Parece sincera y su tono es feroz, al igual que la indignación en sus ojos.
Se sorprende al percatarse