*CAPÍTULO 52:
ALESSIA
La mañana llegó pesada con el peso de todo lo que habíamos dejado sin decir en la mesa de ayer, y supe en el momento en que Axel no salió al campo de entrenamiento que hoy iba a ser peor que ayer. Se quedó, se movió, y puso un plato frente a mí con gachas que aún estaban calientes como si el resto del salón no estuviera respirando y mirando, y la forma en que su mano se demoró cerca de la mía media segundo fue deliberada, posesiva, una reclamación que no decía en voz alta