En el estudio de Vionessa, Ravina estaba sentada frente a ella con una copa de vino en la mano. Vionessa sonrió al mirarla.
No había envejecido ni un día. Ravina era una mujer hermosa, tan hermosa que a sus cincuenta y tantos años seguía luciendo deslumbrante.
Su larga melena castaña le caía sobre los hombros. Tenía labios rosados y carnosos, ojos preciosos y una nariz puntiaguda que la hacía parecer muy joven.
—¿Qué es lo que no te gusta de la chica en cuestión? —preguntó Ravina. Vionessa frun